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Abrigar a un bebé: cómo asegurarte de que tu peque está siempre calentito

26 de enero de 2018

Todos los que somos padres nos hemos preguntado alguna vez cómo y cuánto debemos abrigar a nuestro bebé y hemos dudado de si lo estamos haciendo bien o fallamos por exceso (lo más habitual) o por defecto.

Y es que mantener a nuestro peque bien calentito sin pasarnos es un asunto fundamental para garantizar su bienestar y su salud, sobre todo en esas primeras semanas en las que el bebé que tenemos en brazos es tan frágil y no puede aún regular solo su temperatura corporal. Cuando crecen y aprenden a hablar pueden decirnos si tienen frío o calor, pero los bebés no saben hacerlo y somos nosotros los que tenemos que estar muy atentos para vestirlos y abrigarlos de forma adecuada.

Acertar no es tan fácil como parece. ¿Quién no ha visto nunca a un bebé abrigado como si fuese a descender una pista de esquí mientras los adultos a su alrededor iban en mangas de camisa? La tendencia natural es a que se nos vaya la mano, por aquello de que más vale que le sobre ropa, que no que le falte y se coja un constipado. El problema es que los peques tienen casi más posibilidades de ponerse malos si les abrigamos en exceso, ya que el sudor y las bajas temperaturas no son buenos compañeros.

Como es lógico, tampoco podemos llevarlos en manga corta en pleno invierno. Entonces, ¿qué hay que hacer? ¿cómo acertar? No te preocupes porque en este post te vamos a dar las claves para que aprendas a dar con el término medio.

La regla de la capa de más para los recién nacidos

Los recién nacidos no tienen desarrollado aún el sistema que permite a los niños y adultos adaptar su temperatura corporal a la del ambiente. Además, pierden calor con facilidad porque no tienen apenas grasa que les ayude a retenerlo. A todo ello hay que sumar que casi no se mueven, por lo que se quedan fríos enseguida.

Por todo ello, lo recomendable es que los recién nacidos lleven, por lo general, una capa de ropa más que los adultos. Así, si tú llevas manga corta, deberías colocarle a tu bebé una manguita larga, si tú la llevas larga, ponerle también un jersey fino o chaqueta y si tú llevas esas prendas, no está de más que las suyas sean más gruesas. El body, sea de tirantes, manga corta o manga larga, va a ser uno de tus grandes aliados para que tu peque no coja frío. Siempre debería llevar uno, con o sin otra prenda encima en función de la temperatura, para evitar que al cogerlo y moverse se le suba la camiseta y se le quede la barriguita y la zona lumbar al aire. Créenos si te decimos que nunca vas a tener demasiados bodies. Se usan muchísimo y son muy prácticos. Por no hablar de los diseños tan chulos que hay en el mercado.

Al nacer, hay que colocarles un gorro en la cabecita para ayudarles a mantener una temperatura corporal adecuada. Este gorro se puede retirar a las 24 horas, mientras el peque esté en un sitio calentito, como el hospital o una casa acondicionada, pero conviene que se lo pongas de nuevo en la calle en cuanto hace un poco de fresco, mucho más aún si hace frío.

Fuera de casa, los bebés suelen ir en carritos que les protegen del frío y del viento. Normalmente basta con ponerles un gorro y un buen saquito en invierno y una mantita más o menos gruesa el resto del año. Hay sacos y mantas calentitos y chulísimos, que además visten tu carrito y te sirven para darle un toque original. Si no usas carro, sino que porteas al bebé en mochila u otro dispositivo, ten en cuenta que deberás abrigarle más, sobre todo las zonas más sensibles, que son la cabeza (sobre todo las orejas y la nariz), las manos y los pies.

Es especialmente importante no pasarse abrigando a los bebés de menos de tres meses, dado que, precisamente porque no regulan muy bien la temperatura, taparlos en exceso puede llegar a provocarles incluso fiebre.

Para comprobar que la temperatura del bebé es la adecuada, lo mejor es tocarles la frente o el cuello. Si están húmedos o mojados, es que nos hemos pasado abrigándolo. Si están fríos, necesitan más ropa. No te guíes por la temperatura de los pies y de las manos, que tenderá siempre a ser más fría porque tampoco tienen bien desarrollado el sistema circulatorio.

Igual que papá y mamá y la táctica cebolla

Cuando el peque cumple tres meses su sistema de termorregulación ha mejorado bastante, por lo que ya puede ir igual de abrigado que mamá y papá en casa. El body se hace más indispensable todavía, dado que los peques empiezan a moverse y explorar y se desabrigan con facilidad, sobre todo cuando empiezan a girarse, a partir de los cuatro meses, y a gatear, en torno a los ocho meses.

En la calle, como no se mueven tanto, es recomendable tener más precauciones. Un gorro que tape las orejitas y un buen saco para sillita serán buenos aliados en invierno y siempre deberás tener una manta a mano en primavera y otoño. En verano, vas a encontrar de gran utilidad las muselinas, tanto para recién nacidos como para bebés mayores. Las grandes tienen múltiples aplicaciones y una de ellas es la de cubrir a los peques cuando refresca de forma inesperada. ¡Ojo! Nunca las utilices para cubrir un carrito. Mucha gente lo hace para proteger al bebé del sol, pero es una práctica muy peligrosa porque hace subir mucho la temperatura del interior del carro.

Una vez que empiezan a andar, puedes olvidarte de estas precauciones, dado que van a estar en constante movimiento, ¡más que tú! El problema será entonces evitar que suden demasiado. Para ello, lo mejor es practicar la táctica cebolla, es decir, vestir a los peques con varias capas ligeras y un buen abrigo, en vez de pocas capas, pero gruesas.

Seguros y calentitos por la noche

Mención aparte merece la noche. Como en cualquier momento del día, el objetivo es que el bebé esté calentito, pero en este caso es especialmente importante no pasarse abrigando al peque. Y es que el calor excesivo es uno de los desencadenantes del síndrome de muerte súbita del lactante.

Si no hace frío, un pijama corto o largo será suficiente. Mucho más efectivo si es mono de cuerpo entero. El uso de sábanas, mantas o edredones, además de ser una de las claves de la decoración de la habitación, se impone cuando hace más frío. Hay que colocarlos bien para que sean seguros, sobre todo cuando el bebé empieza a moverse más. Lo mejor es colocarlos lo más abajo posible en la cuna, de forma que el peque casi toque con los pies el final de la misma. De esta forma el bebé no podrá escurrirse hacia abajo y quedar bajo la cobertura.

Una alternativa para evitar que se destapen cuando ya nada les para es el uso de saquitos. ¡Además de ideales son muy prácticos! Puedes elegir el modelo en función de tus gustos y los hay gruesos o finos, para adaptarse a distintas temperaturas. Las ventajas que tienen son que al peque le resultará imposible quitárselos y que además son muy seguros, nunca les cubrirán la cara si elegimos bien su talla para que se ajusten adecuadamente.

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