¡Mamá que ha sido él! ¡Papá, mi hermana no me deja en paz! Las peleas entre hermanos pueden convertirse en un verdadero quebradero de cabeza para los padres, pero la realidad es que en su justa medida son necesarias y saludables. ¡Suena increíble pero es cierto!

A través de los enfrentamientos, los niños aprenden a crecer como personas y a expresas sus emociones. Además de compartir, competir, solucionar problemas y a tener autocontrol. Con las peleas los niños también aprenden a que en la casa hay normas y que deben ser cumplidas.

No queremos decir que un ambiente diario de peleas sea bueno ya que los extremos son malos y puede llegar a ser perjudicial. Lo importante es que a la hora de que surjan los conflictos, los niños aprendan a solucionarlos con el apoyo y guía de los adultos.

Mayormente los niños pelean principalmente por celos, por demandar la atención de los padres, por el sentido de posesión de sus pertenencias o si sienten que su hermano está invadiendo su privacidad. Muchas de las peleas aumentan cuando los hermanos tienen edades muy cercanas o cuando son del mismo sexo.

Aunque suena fácil decirlo, es complicado para los padres mantenerse al margen de las riñas entre hermanos, siempre que no lleguen a golpearse. Si uno de los niños se pone violento, hay que detener de inmediato la pelea y dejar muy claro que existen los límites verbales y físicos para que la casa no se convierta en un campo de batalla.

Pasada esta tormenta, los hermanos hay que separarlos en sitios distintos hasta que se calmen. Cuando esto suceda, se debe hablar con ambos para conocer las causas de la pelea. Hay que dejar que cada uno explique sin interrupciones y puedan expresar lo que sienten. Los padres tenemos que ser imparciales y tomar nuestra decisión según los hechos y testimonios de cada hijo.

La misión como padres es que enseñemos a nuestros hijos que las peleas y discusiones no son la solución. Los niños deben aprender a canalizar sus emociones, a manejar la ira y a respetar, además de escuchar y dialogar. Enséñales a compartir y que juntos son un equipo, y que siempre serán hermanos, pase lo que pase, por lo que se tienen que amar, respetar y apoyar.

Como padres tenemos que luchar para que en casa exista un ambiente positivo, primero trabajando desde la pareja evitando las peleas y que todo se solucione mediante el diálogo y el respeto. Es vital fomentar las actividades familiares y entre hermanos, de esta manera mejorarán la comunicación. Y los padres deben evitar las peleas, comparaciones y favoritismos, estas últimas son un detonante de las peleas entre los hermanos.

El control de los celos y de las peleas de los hermanos dependerá mucho de los padres. Estos no pueden dar su brazo a torcer ni ser espectadores esperando que los niños solucionen solos los problemas, porque irán a más y puede ser peor.

¿Y vosotros, cómo gestionáis las peleas entre los hermanos?