Todos nos hemos visto a algún peque tirado en el suelo, pataleando, gritando y llorando a lágrima viva en plena calle (o supermercado, o biblioteca) y a un papá o una mamá agobiado al máximo intentando, con mayor o menor fortuna, calmarlo. El problema viene cuando ese peque es el tuyo y nunca has deseado tanto que te trague la tierra.

No es fácil saber reaccionar ante una rabieta, tanto si se produce en casa como si tiene lugar en la calle. Es normal que nos sintamos sobrepasados y perdamos la calma. Pero no debemos olvidar nunca que nosotros somos los adultos y disponemos de todas las herramientas emocionales que a los peques les faltan para saber gestionar este tipo de situaciones. En este post, te explicamos por qué se producen las rabietas y te damos algunos consejos para que puedas prevenirlas y reaccionar ante ellas sin perder los nervios. Toma nota.

¿Qué son las rabietas y por qué se producen?

Las rabietas son una reacción emocional totalmente normal en los niños, sobre todo entre el año y los 3 años de vida. En esas edades, los peques aún no han aprendido a lidiar con sus emociones ni a gestionar la frustración. Tampoco disponen todavía de los recursos lingüísticos ni de control necesarios para afrontar situaciones que les sobrepasan.

Es una etapa del desarrollo en la que los peques están deseando explorar, descubrir cosas nuevas, aprender. Pero en su camino encuentran siempre impedimentos físicos, madurativos, psicológicos y sociales que no están preparados para asumir. Esto les provoca frustración y, al no saber canalizarla, sus emociones estallan en forma de rabieta.

Las manifestaciones más comunes de una rabieta son: llanto, gritos, patadas, tirarse al suelo y contorsionarse, romper cosas, no atender a razones.

Las rabietas pueden surgir en el momento menos esperado, por motivos que a los adultos pueden parecernos nimios o que no alcanzamos a comprender. Pero debemos tener claro que, si a tu peque le ha provocado una rabieta, es que para él o ella es importante en ese momento, así que nunca debemos minusvalorarlo.

A medida que crecen, van aprendiendo a identificar y controlar sus emociones y la forma en que nosotros les hemos tratado y cómo les hemos ayudado durante sus rabietas determinará en gran medida su capacidad para gestionarlas, canalizarlas y expresarlas saludablemente.

Cómo gestionar una rabieta: mantén la calma

Durante una rabieta, a los peques se les disparan hormonas como el cortisol o la adrenalina, que les estresan y bloquean sus sentidos y su capacidad de razonamiento. En el punto álgido de una rabieta, no pueden escucharte ni razonar. No se trata de que no quieran, es que fisiológicamente no pueden hacerlo. No es el momento de hacerles razonar. Por supuesto, mucho menos de gritarles, ya que no solo no servirá de nada, sino que además incrementará su estrés y prolongará su rabieta.

¿Cómo debes actuar ante una rabieta?

  • Lo primero, practica el autocontrol. Mantén la calma. Aunque parezca difícil, puedes hacerlo. Recuerda que tú eres la persona adulta y que tu peque no te está retando, solo está sufriendo y no sabe manifestarlo de otra manera. Respira hondo, aíslate de lo que te rodea y céntrate en tu peque y en ayudarle en ese momento.
  • Asegúrate de que tu peque no se hace daño ni hace daño a nadie más. Aleja de él o ella todos los objetos con los que pueda dañarse y comprueba que está en un lugar seguro.
  • Intenta conectar con él de forma amable. Hazle saber que estás a su lado, que entiendes sus sentimientos y que estás ahí para abrazarle y escucharle cuando esté preparado o preparada. Con algunos peques funciona abrazarlos y consolarlos. Otros prefieren evitar el contacto físico hasta que se calman un poco.
  • No cedas: Si la rabieta ha sido provocada por algo que tu peque quiere y a lo que le has dicho que no, o porque no quiere hacer algo que le has pedido, no cedas por vergüenza o por comodidad. No le estarás haciendo ningún bien. Es importante que te mantengas firme y, cuando te escuche, le expliques bien que entiendes que se enfade por no poder tener o hacer lo que quiere, y los motivos por los que no puede tenerlo o hacerlo. En este sentido, es fundamental que los padres mantengamos una línea firme sobre lo que se puede o no hacer, ya que la falta de límites, la inseguridad y la inestabilidad son grandes desencadenantes de rabietas.
  • Distráelo o cambia de escenario: Con niños muy pequeños, suele funcionar distraer su atención con algún otro tema, para sacarles de la rabieta. También suele venir bien sacarlos del espacio donde están e ir a otro más tranquilo. En casa, podéis tener un rincón de la calma, al que puedan acudir, siempre voluntariamente.
  • Cuando se calme, habla con él o ella sobre lo que ha pasado, cómo se ha sentido, cómo te has sentido tú y qué podéis hacer para gestionar mejor la situación la próxima vez.
  • Prevén las rabietas: La prevención es clave. Los peques tienden a tener más rabietas cuando están cansados en extremo, tienen hambre o se enfrentan a situaciones que les descolocan, les provocan miedo, ira o ansiedad. Conocer a tu peque es fundamental para prevenir las rabietas. Evitar exponerle a este tipo de situaciones o enseñarle, poco a poco, a gestionarlas, os ayudará a reducir el número de rabietas.

¿Te han resultado útiles estos consejos para gestionar rabietas? ¿Cómo reaccionas tú ante las rabietas de tu peque?